Sin ánimo de exagerar ni un poquito, cuando a cualquier hijo de vecino le preguntan qué es el éxito, con dos palabras la respuesta queda concluida: Marcelo Tinelli. Él es la representación humana de esa idea metafísica que al hombre lo ha desvelado siempre. Hoy el éxito es él, una vez más, sin exagerar ni un poquito. Es el cacique de los indígenas, o más bien el europeo que los conquista y los somete, es el Rey de la monarquía, es el aristócrata-burgués del liberalismo, es el que domina los medios productivos del capitalismo. Todo eso es Tinelli.
Tinelli es el dueño. Es el dueño de la plata, del poder, de los programas satélites que giran alrededor del suyo, de la moda, del culo y de las tetas. Eso, hoy, es puro éxito. ¿La fuente de esta afirmación? Quien escribe. Está tan alto en la escala jerárquica, que el bien y el mal tampoco lo alcanzan. Los supera, les gana. Hasta las aberraciones más intolerables son entendidas y compartidas por sus televidentes. Porque él también es dueño, y tal vez sea su propiedad más codiciada, de la opinión de los demás, de la opinión de millones de hijos y (lamentablemente) nietos de vecinos.
Hace poco oí que el "señor éxito" tiene una denuncia por tratar como objeto a las mujeres. No sé qué tan lejos podrá llegar eso porque bien se sabe que acá la justicia tiene precio y Tinelli puede pagarlo pero, de todas formas, aplaudo la iniciativa. Entre tanto José María Listorti y enana Feudale, me encanta que algún impertinente se le haya animado. Creo que para todos los que alguna vez vimos su programa, no cabe lugar para mucha discusión acerca de si es cierto el motivo de la denuncia...
Uno de los últimos párrafos dedicado a su programa. Programa machista, guionado, agresivo, que ofrece horizontes que la realidad niega y lógicamente, exitoso, muy exitoso. Es el reproductor masivo de esa concepción de éxito personificada en su conductor estrella. Todas las noches el programa tiene la morbosa costumbre de faltarle el respeto a la gente. Destila elegancia ostentosa, muestra caras perfectas y vende como reales emociones frías y calculadas. "La televisión no es para educar, sino para entretener" suele repetir Marcelo. Mentira, la televisión educa, fomenta y desestimula, homogeiniza y heterogeiniza, castiga y premia.
Empecé el artículo preguntándole a un hijo de vecino qué era el éxito y ustedes vieron lo que me respondió. Una vez le hicieron la misma pregunta a García Márquez, que contestó esto: "el éxito no se lo deseo a nadie. Le pasa a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen?, tratan de bajar con la mayor dignidad posible."
Mientras estaba escribiendo este texto, entré a la página de la Real Academia Española para tener una definición formal de "éxito". Me encontré con que "el éxito" es el "resultado feliz de un negocio". ¿Un negocio? ¿Se dan cuenta? Hasta la RAE se está tinellizando!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario